La caza del meteoro
La caza del meteoro Monsieur Lecoeur, vivamente interesado, concentraba toda su atención para seguir aquellas curiosas explicaciones.
—La única cosa delicada —prosiguió diciendo Xirdal— consiste en regular la longitud de la onda de la corriente neutra helicoidal; si llega al objeto que se desea gobernar, le rechaza, en vez de atraerle; se necesita, pues, orientarla a cierta distancia del objeto, pero lo más cerca posible, de tal suerte, que la energÃa irradie en su proximidad inmediata.
—Pero para hacer rodar el bólido al mar es menester empujarle y no atraerle —objetó Monsieur Lecoeur.
—Sà y no —respondió Zephyrin Xirdal—. Yo conozco la distancia precisa que nos separa del bólido, que es de quinientos once metros y cuarenta y ocho centÃmetros, y, en consecuencia, regulo el alcance de mi corriente.
Sin dejar de hablar, Zephyrin maniobraba con su máquina.
—Observe tÃo, que esta ampolla no gira como la otra. Los efluvios que emite son muy particulares; les llamaremos, si usted quiere, corrientes neutras rectilÃneas, para distinguirlas de las anteriores.