La caza del meteoro
La caza del meteoro —Ya se moverá —afirmó tranquilamente Zephyrin Xirdal—. Un poco de paciencia. Por añadidura, he aquà lo que va a apresurar las cosas. Con este tercer reflector expido yo otros obuses atómicos dirigidos, no sobre el bólido mismo, sino sobre el terreno que le sostiene del lado del mar. Va usted a ver cómo ese terreno se disgrega poco a poco, y ayudado por la gravedad, el bólido se deslizará por la pendiente.
Zephyrin Xirdal metió de nuevo su mano en el interior de la máquina; la tercera ampolla comenzó a girar.
—Mire usted bien, tÃo; creo que nos vamos a reÃr un poco.