La caza del meteoro
La caza del meteoro Menos afortunado que Mrs. Arcadia Walker, el maravilloso bólido no había podido escapar a su funesta suerte. Fuera del alcance de los hombres, sus restos reposaban ahora en las profundidades del mar. Aun cuando a costa de increíbles esfuerzos hubiese sido posible retirar aquella masa de esos insondables abismos, preciso era renunciar a semejantes esperanzas, ya que, convertido en millares de trozos, habían sido esparcidos del todo al azar.
En vano Mr. Schnack, Mr. Dean Forsyth y el doctor Hudelson buscaron la más mínima partícula sobre el litoral; no, habíanse dispersado hasta el último céntimo los cinco mil setecientos ochenta y ocho millares de millones.
Nada quedaba del extraordinario meteoro.