La caza del meteoro
La caza del meteoro Precisamente durante aquellos últimos dÃas de marzo, la paciencia de Mr. Dean Forsyth se hallaba como nunca sometida a ruda prueba. Desde hacÃa muchos dÃas obstinábase el cielo en permanecer cubierto, con gran furia del astrónomo.
Aquella mañana, 21 de marzo, un fuerte viento del Oeste continuaba arrastrando casi al ras del suelo todo un mar de nubes de una desoladora opacidad.
—¡Qué fastidio! —suspiró por décima vez Mr. Dean Forsyth, tras una última e inútil tentativa para vencer la densa bruma—. Tengo el presentimiento de que pasamos al lado de un descubrimiento sensacional.
—Es muy posible —respondió «Omicron»—. Hasta es muy probable, porque hace algunos dÃas, durante un claro, creà yo percibir...
—Y yo vi, «Omicron».
—¡Ambos entonces, ambos a un mismo tiempo!
—¡«Omicron»...! —dijo en son de protesta Mr. Dean Forsthy.
—SÃ, usted primero, sin duda alguna —concedió «Omicron», con un significativo movimiento de cabeza—; pero cuando yo creà percibir la cosa en cuestión, parecióme que debÃa ser... que era...
—Y yo... —atajó Mr. Dean Forsyth—; yo afirmo que se trataba de un meteoro, desplazándose del Norte al Sur...