La caza del meteoro
La caza del meteoro Desde entonces comenzó a desenvolverse el hilo de las lamentaciones que provocaba tan mala suerte. ¿Volvería a presentarse ese bólido sobre el horizonte de Whaston? ¿Podrían calcularse sus elementos, determinar su masa, su peso, su naturaleza? ¿No sería otro astrónomo más favorecido quien lo encontrase en otro punto del cielo? ¿Estaría Dean Forsyth en condiciones de dar su nombre a este descubrimiento, habiéndole tenido tan poco tiempo bajo su telescopio? ¿No recaería al fin y al cabo todo el honor sobre uno de esos astrónomos del Antiguo o del Nuevo Continente que pasan su existencia observando el espacio día y noche?
—¡Acaparadores! —gritaba en tono de protesta Dean Forsyth—. ¡Piratas del cielo!