La caza del meteoro
La caza del meteoro Era ya demasiado tarde para hacer nuevos esfuerzos; las nubes volvÃan, el cielo se oscurecÃa nuevamente. Terminaba la iluminación del cielo... ¡y esta vez para todo el dÃa! Pronto los vapores no formaron más que una masa uniforme de un gris sucio y se resolvieron en lluvia menuda. Era forzoso renunciar a toda observación, con gran desesperación del amo y del servidor.
—Y no obstante —dijo «Omicron»— nosotros estamos bien seguros de haberle visto.
—¡ SÃ, nosotros estamos seguros! —replicó Mr. Dean Forsyth, alzando los brazos al cielo.
Y con un tono en el que se mezclaban la inquietud y los celos, añadió:
—Estamos demasiado seguros, ya que otras personas pueden haberlo visto como nosotros... ¡Siempre que seamos nosotros los únicos...! ¡Sólo faltarÃa ya que él también los hubiese visto! ¡Él..., Sydney Hudelson!