La caza del meteoro

La caza del meteoro

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Fenómeno increíble: este modelo de esposas se dedicaba a calmar y tranquilizar a su marido cuando éste entraba con la cabeza hecha un volcán a consecuencia de alguna disputa con su íntimo amigo Dean Forsyth. Otro hecho singular: Mrs. Hudelson hallaba perfectamente natural que Mr. Hudelson se ocupase en Astronomía y que viviese en las profundidades del firmamento, a condición de que bajase de él cuando ella le rogaba que bajase.

Lejos de imitar a Mitz, que regañaba a su amo, ella no regañaba para nada a su esposo; toleraba que se hiciese esperar a la hora de las comidas; no se disgustaba por su retraso y se ingeniaba para que los platos no se pasasen de su punto. Respetaba su preocupación cuando él se hallaba preocupado; hasta se interesaba por sus trabajos, y su buen corazón ponía en sus labios frases de aliento cuando el astrónomo parecía perderse en los espacios infinitos hasta el punto de no hallar su camino.

He ahí una mujer como nosotros la quisiéramos para todos los maridos, sobre todo cuando son astrónomos. Desgraciadamente, apenas si existen fuera de las novelas.

Jenny, su hija mayor, prometía seguir las huellas de su madre, avanzar a iguales pasos por el camino de la existencia. Era evidente que Francis Gordon, futuro marido de Jenny Hudelson estaba destinado a ser el más afortunado de los hombres.


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