La caza del meteoro
La caza del meteoro Sin pretender humillar a las señoritas americanas, es lÃcito afirmar que habrÃa costado trabajo descubrir en toda América una joven más encantadora, más atrayente, más y mejor dotada del conjunto de las perfecciones humanas.
Jenny Hudelson era una amable rubia de ojos azules, de cutis fresco y sonrosado, con lindas manos, pies pequeños, y con tanta gracia como modestia, tanta bondad como inteligencia. Francis Gordon la amaba no menos de lo que ella amaba a Francis Gordon. El sobrino de Mr. Dean Forsyth poseÃa además la estimación de la familia Hudelson; y asà aquella recÃproca simpatÃa no habÃa tardado en traducirse en forma de una petición de matrimonio, muy favorablemente acogida. ¡Se convenÃan tan bien estos jóvenes! SerÃa la felicidad lo que Jenny aportarÃa al nuevo hogar con sus cualidades familiares; y por lo que hace a Francis Gordon, serÃa dotado por su tÃo, cuya fortuna heredarÃa algún dÃa. Pero dejemos a un lado esas perspectivas de herencia; no se trata del porvenir, sino del presente, que reúne todas las condiciones de la más perfecta dicha.
Francis Gordon y Jenny Hudelson estaban, por consiguiente, prometidos, y el matrimonio, cuya fecha no tardarÃa en señalarse, se celebrarÃa por el reverendo O'Garth, en San Andrés, la principal iglesia de aquella afortunada ciudad de Whaston.