La caza del meteoro
La caza del meteoro «Y a su hija», rectificaba Loo, dándose aires de ofendida. Se le recibió, licito serÃa decirlo, como si fuera el dios de la casa. Si bien no era aún el marido de Jenny, Loo querÃa que fuese ya para ella su hermano.
En cuanto al doctor Hudelson, estaba encerrado en la torrecilla desde las cuatro de la mañana. Después de haber aparecido retrasado para el almuerzo, exactamente lo mismo que Dean Forsyth, viósele subir de nuevo precipitadamente a la terraza, siempre, como Dean Forsyth, en el momento en que el Sol aparecÃa entre las nubes. No menos apasionado que su rival, no parecÃa hallarse dispuesto a volver a bajar.
Y no obstante, imposible decidir sin él la gran cuestión que iba a ser discutida en asamblea general.
—¡Toma! —exclamó Loo, tan pronto el joven franqueó la puerta del salón—, ¡He aquà a Mr. Francis, el eterno Mr. Francis...! ¡A fe mÃa, no se ve aquà a nadie más que a él!