La caza del meteoro

La caza del meteoro

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La primera quincena de abril transcurrió en condiciones atmosféricas abominables; lluvia, viento, gruesas nubes que se sucedían sin interrupción. No se mostraron, ni el Sol, que describía entonces una curva bastante elevada sobre el horizonte, ni la Luna, casi llena y que habría debido iluminar el espacio con sus rayos, ni a fortiori el invisible meteoro.

Mrs. Hudelson, Jenny y Francis Gordon no pensaban lamentarse de la imposibilidad de hacer ninguna observación astronómica. Y jamás Loo, que detestaba el viento y la lluvia, había estado tan contenta de un cielo azul, como lo estaba ahora por la persistencia del mal tiempo.

—¡Que dure siquiera hasta la boda —repetía—, y que durante tres semanas no se vea ni el Sol ni la Luna ni la más pequeña estrella!

A despecho de los votos y deseos de Loo, aquella situación tuvo fin, y las condiciones atmosféricas se modificaron en la noche del 15 al 16 de abril. Una brisa del Norte barrió todos los vapores y el cielo recobró en absoluto su completa serenidad.

Mr. Dean Forsyth, en su torre, y Mr. Hudelson, en la suya, se pusieron a ojear el firmamento por encima de Whaston, desde el horizonte hasta el cénit.


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