La caza del meteoro
La caza del meteoro ¿Pasó el meteoro ante sus anteojos? Debería pensarse que no al ver sus semblantes abatidos. Su igual mal humor probaba un doble y parecido fracaso. Ni uno ni otro habían visto nada. ¿No se trataría, por consiguiente, de un meteoro errante, escapado para siempre a la atracción terrestre?
Una nota que apareció en los diarios del 19 de abril vino a orientarles sobre el particular.
Esa nota, redactada por el observatorio de Boston, estaba concebida en los siguientes términos:
Anteayer, viernes, 17 de abril, a las nueve, diecinueve minutos y nueve segundos de la noche, un bólido de gran tamaño atravesó los aires en la parte Oeste del cielo, con una rapidez vertiginosa.
Una circunstancia de las más singulares y propia para halagar el amor propio de Whaston es que, según parece, este meteoro había sido descubierto el mismo día y hora por dos de sus más eminentes convecinos.
Según el observatorio de Pittsburg, este bólido, en efecto, sería el señalado en 24 de marzo por Mr. Dean Forsyth, y, según el observatorio de Cincinnati, él señalado en igual fecha por el doctor Sydney Hudelson. Ahora bien, los señores Dean Forsyth y Sydney Hudelson habitan ambos en Whaston, en donde son muy conocidos.