La caza del meteoro
La caza del meteoro —¿Es Mr. John Proth, según creo?
—El mismo —contestó el juez muy amablemente.
—Una sencilla pregunta, que sólo exigirá un sà o un no de su parte.
—Hágala usted, caballero.
—¿Ha venido alguien esta mañana preguntando por Mr. Seth Stanfort?
—No, que yo sepa.
—Gracias.
Dicho esto, y descubriéndose por segunda vez, tendió la mano y subió por Exeter Street al trote corto de su caballo.
Ahora ya no podÃa dudarse —al menos tal fue la opinión general— de que el desconocido tenÃa algún negocio con Mr. John Proth. En el modo de hacer aquella pregunta se conocÃa que él mismo era Seth Stanfort, el primero en acudir a una cita convenida de antemano. Pero otro problema no menos importante se planteaba ahora. ¿HabÃa pasado la hora de la cita y el caballero desconocido iba a abandonar la ciudad para no volver a ella?