La estrella del sur
La estrella del sur Cyprien iba, pues, a abandonarle en el horno, y se preparaba ya a salir, cuando su curiosidad de químico le impulsó a aproximar una cerilla a la rotura del tubo, a fin de examinar el interior.

La suposición tenía fundamento; sin embargo, por un fenómeno bastante singular y que Cyprien no se explicó en el momento, una especie de bola de arcilla parecía hallarse desprendida de este revestimiento de tierra, luego de haberse endurecido separadamente en el tubo.
Esta bola, de un rojo negruzco, próximamente del diámetro de una naranja, podía pasar con facilidad por la rotura. El joven ingeniero la sacó y se puso a examinarla con indiferencia. Después, reconociendo que era un pedazo de tierra separado de la pared, que había sufrido la cocción aisladamente, iba a arrojarlo a un lado, cuando advirtió que sonaba a hueco, como una pieza de porcelana, y que afectaba la forma de una pequeña cántara cerrada, dentro de la cual bailaba una especie de cascabel muy pesado.
—¡Una verdadero alcancía! —murmuró Cyprien.
Pero si bajo pena de muerte hubiera tenido que dar la explicación de este misterio, hubiera sido imposible. No obstante, para tranquilidad de su conciencia, cogió un martillo y rompió la hucha.