La estrella del sur
La estrella del sur Sin más tardanza, Jacobus Vandergaart puso manos a la obra, y después de haber escogido en el artesón una piedra bruta de cuatro o cinco quilates, que fijó fuertemente al extremo de una especie de mango, se puso a frotar una contra otra las dos pelÃculas exteriores.
—Esto se harÃa más pronto exfoliando; pero ¡quién se atreve a dar un martillazo sobre una piedra de este precio!
Este largo y monótono trabajo duró casi dos horas. Cuando la faceta fue bastante ancha para permitir juzgar cuál era la naturaleza de la piedra, fue preciso pulida con la muela, lo cual invirtió mucho tiempo.
Sin embargo, aun era dÃa claro cuando quedaron terminados los preliminares. Cyprien y Jacobus Vandergaart, cediendo por fin a su curiosidad, se acercaron para verificar el resultado de la operación.
Una bella faceta, color de azabache, pero de una limpidez y un brillo incomparable, se ofreció a sus miradas.
¡El diamante era negro! Singularidad casi única, casi excepcional, que aumentaba aún, si era posible, su valor.

Las manos de Jacobus temblaban, presas por la emoción haciéndole resplandecer al sol poniente.