La estrella del sur
La estrella del sur —¡Hum! ¡Se lo figurarán! Pueden haberos seguido cuando venÃais aquÃ… Se supondrán lo que no sepan con certeza. El paÃs está poblado con tal gente… ¡No dormirÃa tranquilo!
—¡Tal vez tengáis razón! —convino Cyprien comprendiendo la vacilación del anciano—. Pero ¿qué hacer?…
—Es en lo que estoy pensando —replicó Jacobus Vandergaart, que permaneció silencioso durante algunos instantes.
—Escuchad, hijo mÃo —dijo finalmente—. Lo que vaya proponeros es delicado; y supone que tenéis en mà una absoluta confianza. ¡Pero me conocéis lo bastante para no extrañar que tenga la idea de tomar tantas precauciones!… Es preciso que al momento parta con esta piedra y con mis herramientas para refugiarme en cualquier rincón donde no sea conocido, en Bloemfontein u Hope Town, por ejemplo. Tomaré una modesta habitación, me encerraré para trabajar con el mayor secreto y no volveré hasta después que haya terminado mi obra. Tal vez de esta manera logre despistar a los malhechores. Pero, lo repito, casi estoy avergonzado de proponeros semejante plan…
—Que encuentro muy acertado —afirmó Cyprien— y os pido que lo realicéis.