La estrella del sur
La estrella del sur La afluencia de curiosos fue creciendo en los días siguientes, y la celebridad de La Estrella del Sur traspasó muy pronto los límites del distrito, para extenderse hasta las villas más lejanas. Los periódicos de la colonia consagraron artículos sobre artículos a describir sus dimensiones, forma, color y su brillo. El cable telegráfico de Durbán se encargó de transmitir estos detalles por Zanzíbar y Adén, a Europa y Asia, desde luego; después a las dos Américas y a Oceanía. Todos los fotógrafos solicitaron el honor de hacer el retrato del maravilloso diamante. Dibujantes especiales vinieron en nombre de periódicos ilustrados para reproducir la imagen. En fin, fue un acontecimiento para el mundo entero.

Se mezcló la leyenda. Circularon entre los mineros cuentos fantásticos sobre las propiedades misteriosas que se le atribuían. ¡Se decía en voz baja que una piedra negra no podía menos de «traer desgracia»! Las gentes de experiencia, meneando la cabeza, decían que quedan mejor ver esta piedra del diablo en casa de Watkins, que en la suya. En fin, las maledicencias; y también las calumnias, que son parte inherente de la celebridad, no faltaron para La Estrella del Sur, la cual naturalmente no se inquietó gran cosa.