La estrella del sur
La estrella del sur Dijo que este dÃa quedarÃa como un gran recuerdo en su vida de colono y minero… Después de haber pasado por las pruebas que habÃa conocido en su juventud, verse ahora en este rico paÃs del Griqualandia, rodeado de ochenta amigos, reunidos para festejar el diamante más grande del mundo, era una de esas alegrÃas que nunca se olvidan… Es verdad que el dÃa de mañana uno de los honrados compañeros que le rodeaban podÃa encontrar una piedra más grande todavÃa… ¡Ésa era la parte picante y la poesÃa de la vida del minero!… (Viva aprobación) ¡Esta dicha les deseaba sinceramente a sus huéspedes!… (Sonrisas y aplausos) ¡CreÃa poder afirmar que esto era difÃcil de satisfacer y, que en su lugar no se declararÃa satisfecho!… Para terminar, invitó a sus huéspedes a beber por la prosperidad del Griqualandia, por la firmeza del precio en los mercados de diamantes, a despecho de toda la concurrencia cualquiera que fuese, en fin, en el dichoso viaje que La Estrella del Sur iba a emprender por las tierras para llevar al Cabo primero, a Inglaterra en seguida, el esplendor de sus rayos.
—Pero —preguntó Thomas Steel—, ¿no se correrá algún riesgo en expedir al Cabo una piedra de ese precio?
—¡Oh, irá muy bien escoltada! —afirmó mister Watkins—. Bastantes diamantes han viajado en estas condiciones y llegado a buen puerto.