La estrella del sur
La estrella del sur —Incluso el de Durieux de Sancy —recordó Alice—; aunque sin la abnegación de su criado…
—¡Eh! ¿Qué le pasó de extraordinario? preguntó James Hilton.
—He aquà la anécdota —respondió Alice sin hacerse rogar.
»El señor Sancy era un gentil hombre francés de la corte de Enrique III. PoseÃa un famoso diamante, hoy dÃa llamado con su nombre. Este diamante, entre paréntesis, habÃa ya pasado numerosas aventuras. HabÃa pertenecido especialmente a Carlos el Temerario, que lo llevaba encima cuando fue muerto bajo los muros de Nancy. Un soldado suizo encontró la piedra sobre el cadáver del duque de Borgoña y la vendió en un florÃn a un pobre sacerdote, que la cedió por cinco o seis a un judÃo. En la época en que estaba entre las manos del señor de Sancy, el Tesoro real se encontró en gran apuro, y Sancy consintió en empeñar el diamante para entregar su valor al rey. El prestamista se encontraba en Metz. Fue, pues, necesario confiar la joya a un servidor, a fin de que la llevase.
»—¿No teméis que este hombre haya huido a Alemania? —dijeron al señor de Sancy.
»—Estoy seguro de él —respondió.
»Pese a esta seguridad, ni el hombre ni el diamante llegaron a Metz, Asà que la corte se burlaba del señor de Sancy con chistes y bromas de mala ley.