La estrella del sur

La estrella del sur

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Bah, bah! —menospreció el alemán, con la terquedad propia de su nación.

—¿Y qué mal puede haber —terció Pantalacci— en permanecer una o dos horas a la orilla del agua? ¿No me ha ocurrido a mí pasar días enteros, mojado hasta los huesos, cuando iba a cazar ánades?

—No es lo mismo —aseguró Hilton.

—Eso son tonterías —declaró el napolitano—. Querido Hilton, mejor haríais en buscar la caja del queso rayado para mis macarrones, que en impedir a nuestro camarada que vaya a procurarnos un plato de pescado. Esto variará nuestro menú ordinario.

Friedel partió sin querer prestar oído a Hilton, y se retardó tanto, que era ya bien de noche cuando volvió al campamento. Allí, el obstinado cazador comió con apetito, hizo honor, como todos los demás, a los pescados que había cogido, pero se quejó de violentos escalofríos cuando se acostó en la carreta junto a sus camaradas.

Al día siguiente, al amanecer, cuando se levantó para la partida, Friedel era presa de una fiebre ardiente, y se vio en la imposibilidad de montar en su caballo. Pidió, sin embargo, que se pusiesen en camino, afirmando que él iría muy bien sobre la paja en el fondo de la carreta. Hízose como pedía.

Al medio día deliraba ya. A las tres había muerto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker