La estrella del sur
La estrella del sur Además, ya sabemos que le costó trabajo creer que Matakit fuese autor de semejante robo.
Sin embargo, le preguntó:
—Mas, en este caso, sino robaste el diamante, ¿por qué has huido?
—¿Por qué padrecito? —contestó Matakit—. Pues porque cuando mis compañeros han sufrido la prueba de las varitas, han dicho que nadie más que yo podÃa ser el ladrón, y que habÃa echado mano de aquel ardid para distraer las sospechas. Y como en Griqualandia, cuando se trata de un cafre (no ignoráis eso) le condenan y cuelgan más pronto que le interrogan. He tenido miedo y he huido del Transvaal como un culpable.
—Lo que dice ese pobre diablo parece ser verdad —observó Pharamond Barthés.
—Por lo menos yo sà le creo —declaró Cyprien—, y tal vez no se haya equivocado al sustraerse a la justicia del Griqualandia.
Después, dirigiéndose a Matakit, agregó:
—No dudo de que eres inocente del robo de que te acusan, pero en Vandergaart Kopje tal vez no nos crean cuando afirmemos tu inocencia. ¿Quieres correr el riesgo de volver allá?
—¡SÃ, lo arriesgo todo… con tal de no permanecer aquà por más tiempo! —gritó Matakit presa del más vivo terror.