La estrella del sur
La estrella del sur —Vamos a negociar este asunto —dijo entonces Cyprien—; ya se está ocupando de él mi amigo Pharamond Barthés.
Y, en efecto, el cazador, a quien no gustaba perder el tiempo, estaba ya en gran conferencia con Tonaia.
—¡Habla con franqueza!… ¿Qué quieres en cambio de tu prisionero? —preguntó al rey negro.
Éste reflexionó un instante, y concluyó por decir:
—Deseo cuatro fusiles, diez veces diez cartuchos para cada arma y cuatro saquitos de perlas de vidrio. No es demasiado, ¿eh?
—Es veinte veces más de lo justo; pero Pharamond Barthés es tu amigo y está dispuesto a complacerte…
A su vez se detuvo un instante, y añadió:
—Escucha, Tonaia; tendrás los cuatro fusiles, los cuatrocientos cartuchos y cuatro saquitos de perlas. Pero a tu vez me entregarás un tiro de bueyes para conducir toda esta gente a través del Transvaal con los vÃveres necesarios y una escolta de honor.
—¡Acepto! —declaró Tonaia con completa satisfacción.
Después añadió confidencialmente inclinándose hasta rozar el oÃdo de Pharamond: