La estrella del sur

La estrella del sur

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—Ya hemos encontrado los bueyes… Son dos de esas gentes que mis hombres han sorprendido disponiéndose a volver al establo y que han conducido a mi kraal… Eso es ardid bueno de guerra, ¿no es verdad?

El prisionero quedó inmediatamente libre, y después de una última mirada dirigida a los esplendores de la caverna, Cyprien, Pharamond Barthés y Matakit se dejaron dócilmente vendar los ojos, y regresaron al palacio de Tonaia, donde se dio un gran festín para celebrar la conclusión del tratado.

Por último, quedó convenido que Matakit no reaparecería de momento en Vandergaart Kopje, que se quedaría en las cercanías y no entraría al servicio del joven ingeniero hasta que éste estuviese seguro de que podía hacerlo sin tomar riesgo. Según podremos ver esta precaución no era inútil.

A la mañana siguiente, Pharamond Barthés, Cyprien, Li y Matakit partían con una buena escolta al Griqualandia. Pero ya no cabía hacerse ilusiones: La Estrella del Sur podía darse por irremisiblemente perdida, y mister Watkins no podría enviarla a brillar a la Torre de Londres, entre las más hermosas joyas de Inglaterra.


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