La estrella del sur
La estrella del sur Cyprien contó entonces rápidamente las diversas peripecias de la expedición. La muerte de Friedel, la de Annibal Pantalacci y la de James Hilton, la persecución de Matakit y su cautiverio en los territorios de Tonaia, aunque sin hablar de su vuelta al Griqualandia; si bien hizo conocer los motivos de certidumbre que traía de la plena inocencia del joven cafre. No se olvidó de rendir homenaje de abnegación de Li y Bardik, a la amistad de Pharamond Barthés, de manifestar todo lo que debía a este bravo cazador cómo, gracias a él, había podido retornar con sus dos servidores de un viaje tan fatídico para sus otros compañeros. Bajo la emoción que esta trágica narración le inspiraba, Cyprien Méré arrojó voluntariamente un velo sobre los criminales pensamientos de sus rivales, no queriendo ver en ellos más que las víctimas de una empresa intentada en común. De todo lo que había sucedido, no reservó más que lo que había jurado guardar secreto, es decir, la existencia de la gruta maravillosa y de sus riquezas minerales, frente a las cuales todos los diamantes del Griqualandia no eran sino guijarros sin valor.