La estrella del sur
La estrella del sur —¡Ya veo lo que es! —exclamó repentinamente el joven ingeniero—. Los imbéciles que han levantado esta obra maestra, no han tenido en cuenta la variación magnética de la aguja[11], que en este punto no baja de veintinueve grados Oeste… De esto resulta que todas sus indicaciones de latitud y longitud, para ser exactas, deberÃan describir un ángulo de veintinueve grados del Oeste al Este, alrededor del centro de la carta… Preciso es confesar que, para hacer estos trabajos, Inglaterra no ha enviado a sus más hábiles geómetras.
Y se reÃa para sà de esta equivocación.
—¡Bueno! —agregó—. Errare humanum est. Que arroje la primera piedra a estos bravos agrimensores quien no se haya equivocado en su vida, aunque sólo haya sido una vez.
Como Cyprien no tenÃa ninguna razón para guardar el secreto de esta rectificación que habÃa tenido ocasión de hacer para la orientación de los terrenos diamantÃferos del distrito, trató de ello con Jacobus Vandergaart, a quien encontró al volver a la granja.
—Es bastante curioso —comentó luego que hubo explicado lo que habÃa descubierto—, que un error geométrico de tal importancia, que afecta a todos los planos del distrito, no se haya descubierto todavÃa. Representa una corrección de las más importantes que hay que hacer en todas las cartas del paÃs.