La estrella del sur
La estrella del sur A veces, una piedra circulaba de mano en mano alrededor de la mesa para sopesada, examinada y, finalmente, volver a encerrarse en el cinturón de su propietario. Aquel guijarro gris y opaco, sin más brillo que un pedazo de canto rodado, era el diamante dentro de su ganga u obroque.
Al llegar la noche, los cafés se llenaron, y las mismas conversaciones, las mismas discusiones que animaron la comida, continuaron a más y mejor alrededor de los vasos de ginebra y de brandy.
Cyprien se había acostado temprano en un lecho que le habían asignado bajo una tienda próxima al hotel. Pronto quedó dormido a los sones de un baile al aire libre que se daban los mineros cafres de los alrededores, y de las estrepitosas tocatas de un cornetín de pistón que dirigía en un salón público las diversiones coreográficas de los blancos.