La estrella del sur
La estrella del sur —Vengo a despedirme de vos, miss Alice… ¡Parto hoy mismo! concluyó el joven con voz insegura.

El ligero tinte rosáceo que animaba el delicado cutis de miss Watkins desapareció de pronto.
—¿Partir?… ¿Queréis partir?… ¿Y para…? —quiso saber muy conmovida.
—Para mi paÃs… para Francia —declaró Cyprien—. ¡Mis trabajos han terminado aquÃ!… Mi misión toca a su fin… Nada más tengo que hacer en el Griqualandia, y debo volver a ParÃs…
Al hablar asÃ, entrecortadamente, empleaba el tono de un culpable que se excusa.
—¡Ah!… ¡SÃ!… ¡Es cierto!… ¡DebÃa suceder!… —balbuceaba a su vez Alice sin saber lo que decÃa.
La joven se sentÃa herida por el estupor.
Esta nueva le sorprendÃa en plena felicidad inconsciente, como un golpe de maza, De pronto sus ojos se llenaron de gruesas lágrimas, que quedaron suspendidas de las largas pestañas que las sombreaban. Y como si esta explosión de dolor la hubiese vuelto a la realidad encontró alguna fuerza para sonreÃr.