La estrella del sur
La estrella del sur La tierra entonces era transportada en carretas hacia la casa de Thomas Steel. Allí, después de haber sido toscamente triturada con gruesas estacas, desembarazada después de los guijarros sin valor, se la hacía pasar por una criba de mallas de 15 milímetros de lado, para separar las piedras más pequeñas, que se examinaban atentamente antes de tirarlas al desecho. Por último, la tierra, cernida por un tamiz muy fino para separar el polvo, quedaba en buenas condiciones para ser examinada.
Cuando había sido vertida sobre una mesa, ante la cual se hallaban sentados ambos mineros, armados de una especie de raedera hecha con un pedazo de hoja de lata, la revistaban con el mayor cuidado y la arrojaban debajo, desde donde era transportada al exterior y abandonada cuando había terminado el examen.

Todas estas operaciones perseguían descubrir si se encontraba algún diamante, grueso a veces como la mitad de una lenteja. Aun los dos asociados se consideraban dichosos cuando transcurría el día sin haber hallado ni uno siquiera. Se entregaban con ardor a este trabajo y rebuscaban minuciosamente en la tierra del claim; pero en resumen, durante los primeros días los resultados fueron casi negativos.
Cyprien, sobre todo, parecía tener muy poca suerte.