La invasion del mar
La invasion del mar Ahmet conocÃa perfectamente el terreno y marchaba con paso seguro. TenÃan primeramente que atravesar Djara, poblado que está a caballo sobre el uadi. En este punto —antiguamente fortificado, y que ha sido, sucesivamente, cartaginés, romano, bizantino, árabe— es donde se encuentra el principal mercado de Gabes. A aquella hora el vecindario no se habÃa recogido en sus viviendas, y Djemma y sus acompañantes hubieran encontrado dificultades para pasar inadvertidos. Verdad es que las calles del oasis tunecino no estaban todavÃa alumbradas por la electricidad ni por el gas, y, salvo el espacio ocupado por algunos cafés, el resto permanecÃa sumido en la más profunda oscuridad.
Sin embargo, muy prudente, muy circunspecto, Ahmet no cesaba de decir a Sohar que todas las precauciones serÃan pocas. Posible era que alguien reconociese a la madre del prisionero, cuya presencia en Gabes darÃa lugar a que se redoblase la vigilancia alrededor del fuerte. La evasión ofrecÃa serias dificultades, a pesar de lo bien preparada que estaba, e importaba que los vigilantes no se pusieran sobre aviso. Asà es que Ahmet escogÃa con preferencia los caminos extraviados.