La invasion del mar
La invasion del mar En el momento en que iban a emprender de nuevo la marcha, un hombre, oculto detrás de los eucaliptos de la orilla, se levantó y dijo:
—¿Sohar?
—¿Eres tú, Ahmet?
—Si; ¿vienes con tu madre?
—Con ella vengo. ¿Qué noticias hay?
—Ninguna —contestó Ahmet.
—¿Están ahà los compañeros?
—Ahà están esperándonos.
—¿No se sospecha nada en el fuerte?
—Nada.
—¿Hadjar está advertido?
—SÃ.
—Y ¿cómo has podido saberlo?
—Por Harrig, puesto en libertad esta mañana, y que ahora se encuentra entre los compañeros.
—Vamos —dijo la anciana.
Los tres se pusieron de nuevo en marcha remontando la orilla del uadi.
La dirección que entonces seguÃan no les permitÃa divisar la sombrÃa masa del fuerte a través de la espesa frondosidad. El oasis de Gabes por aquella parte era un vasto bosque de palmeras.