La invasion del mar
La invasion del mar El poblado está cerca de la entrada del uadi, riachuelo que serpentea caprichosamente a través del oasis bajo la sombra de las palmeras. Allí se eleva el «Fort-Neuf», de donde Hadjar no saldría más que para ser transferido a la cárcel de Túnez. De esa fortaleza era de donde los compañeros pensaban llevárselo, después de tomar todas las precauciones y hechos todos los preparativos necesarios para favorecer la evasión aquella misma noche. Reunidos en una de las cabañas de Coquinville, esperaban a Djemma y a su hijo. Pero una extremada prudencia se imponía, y más valía no ser de ningún modo encontrados en las cercanías del pueblecito.
¡Con qué inquietud sus miradas dirigíanse hacia el mar!…
Su gran temor era que llegase aquella misma noche el crucero y transportase a bordo el prisionero antes de que pudiera llevarse a cabo la evasión. La mirada anhelosa trataba de descubrir si aparecía algún resplandor en el golfo de la Pequeña Sirte, y el oído atento escuchaba por si algún gemido de la sirena anunciaba que un buque anclaba en aquellas aguas… Pero nada, únicamente los faroles de los barcos de pesca se reflejaban en las aguas tunecinas, y ningún silbido desgarraba el aire.
Serían las ocho de la noche cuando Djemma y su hijo llegaron a la orilla del uadi. Diez minutos más y estarían en el lugar de la cita.