La invasion del mar
La invasion del mar —Eventualidad que no habrá que temer cuando exista el mar interior —declaró el señor de Schaller.
El capitán Hardigan preguntó al jefe si se hablaba en el paÃs de la evasión de Hadjar.
—Si, capitán; hace dÃas que corre esa noticia. —¿Y no se le ha visto por los alrededores del Rharsa y del Melrir?
—No, capitán.
—¿No seria el que mandaba a los asaltantes?
—No, señor —replicó el guÃa—; le conozco perfectamente. Pero esos bribones creo que son de los que él mandaba anteriormente, y sin vuestro auxilio, capitán, seguramente hubiéramos sido robados y asesinados.
—Ahora pueden ustedes continuar sin peligro el camino.
—Asà lo creo. Los bandidos habrán ganado algún lugar oculto del oeste, y nosotros podremos llegar a Tozeur en tres o cuatro dÃas.
El jefe fue reuniendo a su gente. Los camellos, que se habÃan dispersado, volvÃan a la fila; la caravana se reconstituyó sin perder un solo hombre, teniendo que lamentar únicamente algunos heridos de poca gravedad que podÃan continuar la marcha. Luego, después de reiterar las gracias al capitán Hardigan y sus compañeros, el jefe dio la señal de partida, y toda la caravana se puso en marcha.