La invasion del mar
La invasion del mar Al cabo de algunos minutos la cáfila desapareció a la vuelta de un montÃculo, y los gritos del jefe fuéronse alejando poco a poco.
Cuando el ingeniero y los dos oficiales encontráronse reunidos, después de esta algarada que tan graves consecuencias podÃa haber acarreado, comunicáronse sus impresiones.
El ingeniero tomó la palabra, diciendo:
—Por lo visto, Hadjar ha reaparecido en el paÃs.
—Era de esperar —contestó el capitán— y cada vez se hace más necesaria la inundación de estas hondonadas. Es el único medio de concluir con los malhechores de Djerid.
—Pero, desgraciadamente —hizo observar el teniente Villette—, algunos años pasarán antes de que las aguas del golfo hayan llenado el Rharsa y el Melrir.
—¡Quién sabe!… —dijo el ingeniero.
Durante la noche siguiente el campamento no fue turbado por los tuaregs, que no volvieron a aparecer por los alrededores.
En la tarde del dÃa siguiente, 10 de abril, el destacamento hizo alto en el punto donde comenzaba el segundo canal que unÃa las dos grandes hondonadas.