La invasion del mar
La invasion del mar Ahmet consideró prudente evitar su encuentro, y para dejarles libre el paso se precipitó con Djemma, Sohar y Horeb en el fondo de un oscuro callejón, no lejos de la escuela franco-árabe.
Allà habÃa un pozo, en cuyo brocal alzábase una armadura de madera, que soportaba la polea que servÃa para subir los cubos llenos de agua.
En un instante quedaron ocultos detrás de la mamposterÃa, que los cubrÃa por completo.
El grupo de soldados se detuvo al llegar allÃ, y a uno de ellos ocurriósele exclamar:
—¡Demonio, qué sed tengo!…
—Pues bebe; aquà tienes un pozo —le repuso el suboficial Nicol.
—¡Beber agua! —exclamó el cabo Pistache.
—Invoca a Mahoma, tal vez te la convierta en vino.
—¡Si estuviera seguro de eso…!
—¿Te harÃas mahometano?
—¡Ni por ésas!… Además, puesto que Alá prohÃbe el vino a sus fieles, jamás consentirÃa hacer el milagro para los que no lo son.
—Bien razonado, Pistache —declaró el suboficial—; en marcha hacia el puesto.
Pero en el momento en que iban a reanudar la marcha, Nicol los detuvo con un gesto.