La invasion del mar
La invasion del mar Dos hombres caminaban calle arriba, y el suboficial reconoció en ellos a un capitán y un teniente de su regimiento.
—¡Alto! —Mandó a sus hombres, que hicieron el saludo militar.
—¡Ah! —dijo el capitán—; es el bravo Nicol.
—¿El capitán Hardigan? —contestó el suboficial en tono que denotaba cierta sorpresa—. ¡El mismo!
—Acabamos de llegar de Túnez —añadió el teniente Villette.
—Y dispuestos para marchar a una expedición, a la que seguramente nos acompañará usted, Nicol.
—Estoy a sus órdenes, mi capitán, dispuesto a seguirle a todas partes.
—Ya lo sabÃa yo —repuso el capitán Hardigan, muy complacido—. Y ¿cómo está tu viejo hermano Adelantado?
—Tan tieso sobre sus cuatro patas, que yo tengo buen cuidado no se enmohezcan.
—Bien, Nicol. ¿Y también está bueno Valiente… el eterno amigo del veterano?
Siguen queriéndose tanto, mi capitán; no me extrañarÃa que fuesen gemelos.
—¡SerÃa gracioso que fuesen gemelos un perro y un caballo! —repuso riendo el oficial—. Descuida, Nicol, que no los separaremos cuando partamos.