La invasion del mar
La invasion del mar —Seguramente, esos indÃgenas deben de ser muy numerosos, y me explico que Pointar y los suyos no hayan podido resistirles.
Los dos amigos salieron de la tienda para examinar nuevamente los desperfectos.
El ingeniero los examinaba con gran atención.
—Comprendo —afirmó Hardigan— que los obreros no tuvieran más remedio que retirarse, rechazados; pero lo que no me explico es cómo han podido destrozar todo esto, arrojar tantos materiales en el lecho del canal… Habrán necesitado para ello mucho tiempo; lo contrario de lo que nos ha dicho Mezaki.
—Como no habÃa más que arena, con el material que Pointar y sus hombres abandonaron en su precipitada fuga, la tarea ha sido mucho más sencilla de lo que a primera vista parece.
—En ese caso, ¿usted cree que con cuarenta y ocho horas habrán tenido bastante para realizar su fechorÃa?

—Creo que sÃ, y estimo que las reparaciones podrán efectuarse en quince dÃas, a lo sumo.