La invasion del mar

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Ya hemos dicho que el oasis de Zenfig mantenía muy poca relación con los otros oasis de la provincia de Constantina. Era verdaderamente temido por las caravanas, que evitaban todo lo posible su proximidad, sabiendo que la mayor parte de los ataques procedían de Zenfig.

Además, los alrededores del oasis resultaban también peligrosos por la inconsistencia del suelo. Aquí y allá existían movedizos arenales, donde podía desaparecer una caravana entera. Solamente los habitantes conocían las sendas practicables, a través de estas superficies constituidas por terreno pliocénico, arenas impregnadas de yeso y sal, que no había más remedio que seguir para evitar el peligro de hundirse en el falso terreno. Era evidente que el Hinguiz sería fácilmente abordable cuando las aguas cubrieran aquella inconsistente superficie, en la que el pie no podía encontrar un apoyo seguro. Pero, precisamente, era lo que los tuaregs no querían permitir. Allí se encontraba el foco más activo, más ardoroso de la oposición.

De Zenfig partían incesantes llamamientos a la guerra santa contra los extranjeros.



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