La invasion del mar
La invasion del mar Entre las diversas tribus del Djerid, la de Zenfig ocupaba el primer puesto, ejerciendo una gran influencia en la confederación. Podía ejercerla con toda seguridad, sin miedo a ser turbada en su retiro, casi inaccesible. Pero su predominante situación desvaneceríase el día que las aguas del golfo, inundándolo todo, convirtiesen Hinguiz en la isla central del Melrir.
En el oasis de Zenfig habíase conservado la pureza original de la raza tuareg. Los trajes y las costumbres no habían sufrido ninguna alteración. Los hombres tenían hermosa presencia, fisonomía grave, actitud orgullosa, marcha lenta, llena de dignidad. Todos llevaban el anillo de serpentina verde, que, según ellos, daba mucho mayor vigor a su brazo derecho. De una gran bravura, ninguno terne a la muerte. Se visten todavía como sus antepasados: la gandura del Sudán, la camisa blanca y azul, el pantalón ajustado al tobillo, las sandalias de cuero, el fez fijado sobre la cabeza por un pañuelo enrollado en turbante, al cual se ata el velo que desciende hasta la boca y que preserva los labios del polvo.
Las mujeres, de un tipo soberbio, ojos azules, cejas espesas, largas pestañas, van con la cara descubierta, que sólo velan delante de los extranjeros. El hogar tuareg, en oposición con los preceptos del Corán, no admite la poligamia y sí el divorcio.