La invasion del mar

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Así es que en esta región del Melrir los tuaregs forman como una población aparte, y no se mezclan nunca con las otras tribus del Djerid. Cuando sus jefes se lanzan afuera con sus fieles es para alguna fructuosa operación contra alguna caravana que despojar o alguna represalia contra algún oasis rival. En realidad, estos tuaregs de Zenfig eran temibles piratas, cuyas agresiones extendíanse a veces a través de las llanuras de la baja Tunicia hasta las cercanías de Gabes. Las autoridades militares organizaban expediciones contra estos bandidos que bien pronto encontraban seguro abrigo en su lejano retiro del Melrir.

El tuareg es, sobre todo, sobrio; come muy poca carne y le basta con los higos, los dátiles, la harina y los huevos. En cambio, tiene esclavos a sus servicio, los imrhad, encargados de las rudas tareas, pues él demuestra un gran desdén por toda clase de trabajo. Los vendedores de amuletos, los ifguna, ejercen una gran influencia sobre la raza tuareg. El tuareg es, además, muy supersticioso, cree en los espíritus, teme a los aparecidos y no llora por sus muertos, ante el temor de que resuciten; así es que en las familias el nombre del difunto se extingue con su vida.

Tal era, a grandes rasgos, aquella tribu de Zenfig, a la que Hadjar pertenecía. Siempre había sido reconocido por su jefe, hasta el día en que cayera en manos del capitán Hardigan.


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