La invasion del mar
La invasion del mar —Alguna expedición contra el Goleah, donde, sin duda, se han reanudado los trabajos —dijo el ingeniero.
—Y quién sabe si Hadjar no se dirige al encuentro de Villette y su destacamento —objetó el capitán.
—Si, todo es posible; pero no seguro —dijo el cabo—. Lo que sà es cierto que puesto que Hadjar y sus bribones han salido del oasis, ha llegado el momento de huir.
—¿Cómo? —preguntó uno de los espahÃes.
SÃ, ¿cómo? ¿Cómo aprovechar la ocasión que acababa de presentarse? ¿No continuaban siendo infranqueables los muros del encierro? ¿No continuaba sólidamente cerrada la puerta del patio?… Por otra parte, ¿de quién esperar socorro?…
Y sin embargo, el socorro llegó. Véase en qué condiciones.
Durante la noche siguiente, lo mismo que habÃa hecho la primera vez, el perro hizo oÃr sordos ladridos, al mismo tiempo que arañaba el suelo cerca de la puerta.
Guiado por su instinto, habÃa descubierto en aquella parte del muro un agujero a medio cegar que comunicaba del exterior al interior.
Y súbitamente apareció en el patio como un fantasma.
Tan pronto como el cabo, el capitán y los otros acudieron, el perro volvió hacia el agujero que acababa de franquear.