La invasion del mar
La invasion del mar En tanto que siguiendo la linde del oasis el riesgo de ser advertidos no era grande, cuando estuvieran en pleno desierto este riesgo aumentarÃa considerablemente. Y si algunas bandas de tuaregs se cruzaban en su camino.
¿QuerÃan refugiarse para evitar su encuentro?… ¿Y si aquel dÃa, o al siguiente, Hadjar y su tropa regresaban hacia Zenfig?…
Si a esto se añaden las dificultades de marchar sobre un terreno movedizo, del que ni el capitán ni el ingeniero conocÃan los pasos practicables, se comprenderá los peligros que ofrecÃa aquel recorrido de 25 kilómetros entre el extremo del Hinguiz y la cantera del Goleah.
El capitán Hardigan y el señor de Schaller ya habÃan reflexionado y todavÃa pensaban en ello.
Pero no habÃa más remedio que hacer frente a todas las contingencias, mucho más tratándose de hombres enérgicos, animosos, capaces de todos los esfuerzos.
—¡En marcha! —dijo el capitán.
—Si… en ruta… ¡buena tropa! —respondió el cabo Pistache.