La invasion del mar
La invasion del mar Todos se dirigieron hacia el pequeño montÃculo, sentándose del lado que podÃan estar al abrigo de los rayos del sol. Cada cual sacó del bolsillo un pedazo de carne; pero en vano trataron de proporcionarse agua con que apagar la sed; por allà no pasaba ningún riachuelo, y lo único de que disponÃan para refrescar la boca eran los dátiles recogidos en el último campamento.
Después de mediodÃa reanudóse la marcha, que los fugitivos continuaron, no sin grandes fatigas y dificultades. En tanto era posible, el capitán Hardigan procuraba mantener su dirección hacia el este, basándose en la posición del sol; pero a cada momento la arena cedÃa bajo los pies. La depresión no comportaba entonces más que un nivel bastante débil y seguramente, ésta serÃa inundada entre el Hinguiz y la linde del canal, donde el chott tendrÃa su mayor profundidad; es decir, cerca de una treintena de metros por debajo del nivel del mar.
Esto fue lo que observó el ingeniero:
—No me extraña que este suelo sea más inestable que otros del Melrir. Durante la estación de las lluvias estos fondos deben recibir todas las aguas corrientes de la gran hondonada, y jamás pueden afirmarse.