La invasion del mar
La invasion del mar A una media legua hacia el norte apareció una bandada de animales, que huÃan a toda velocidad, procedentes del nordeste: un centenar de fieras y de rumiantes, leones, gacelas, antÃlopes… salvábanse hacia el oeste del Melrir. Preciso era que un común espanto los uniese para que pudieran caminar juntos la ferocidad de los unos y la timidez de los otros, sin más propósito que huir alocados para sustraerse al peligro que provocaba aquella carrera vertiginosa de los cuadrúpedos del Djerid.
—¿Pero qué sucede allá abajo? —preguntó el cabo Pistache.
—SÃ, ¿qué será aquello? —añadió el capitán Hardigan.
Y el ingeniero, a quien se dirigÃa la pregunta, la dejó sin respuesta.
Entonces uno de los espahÃes exclamó:
—¡Es que esas bestias se dirigen hacia nosotros!
—¿Y cómo huir? —añadió el otro.
En aquel momento, la avalancha no estarÃa a más de un kilómetro, y se aproximaba con la rapidez de un expreso. Pero no parecÃa que los animales en su carrera loca hubieran advertido los seis hombres refugiados en el tell. Efectivamente, en un mismo movimiento, todos oblicuaron hacia la izquierda y acabaron de desaparecer en medio de un torbellino de polvo.