La invasion del mar

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Hadjar montó de un salto; Harrig y Horeb hiciéronlo también.

«¡Ven!» había dicho Djemma al volver a ver a su hijo, y, esta vez, ella no pronunció más que una palabra:

—¡Ve! —dijo, tendiendo la mano hacia las sombrías regiones de Djerid.

007

Un momento después, los tres desaparecían en la oscuridad.

Hasta la mañana siguiente, la vieja africana se quedó con su hijo Sohar en el morabito, pues quiso que Ahmet volviese a Gabes.

¿Era ya conocida la evasión de su hijo? ¿Habíase esparcido la noticia por el oasis? ¿Se perseguía ya al fugitivo? ¿En qué dirección habían salido los destacamentos de tropa?… ¿Se reanudaría, en fin, contra el jefe tuareg y los suyos la campaña que diera por resultado la captura de Hadjar?

He aquí todo lo que Djemma quería saber antes de emprender la marcha.

El levantino no había oído hablar todavía de la evasión, y esto era prueba de que aún no se conocía la noticia, pues de haberse propagado, seguramente hubieran llegado los ecos hasta el cafetín.

Las primeras luces del alba no tardarían en alumbrar el horizonte, y Sohar no quiso retardar la partida.


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