La invasion del mar
La invasion del mar Importaba que la anciana dejara aquellos parajes antes de ser de dÃa, pues era conocida y, a falta del hijo, la madre serÃa una buena presa.
De noche cerrada todavÃa, y guiada por Sobar, Djemma emprendió el camino de las dunas.
Al dÃa siguiente, uno de los botes del crucero se dirigió al puerto para hacer el traslado del prisionero a bordo.
Cuando uno de los carceleros hubo abierto la puerta de la prisión, se encontró con que el pájaro habÃa volado.
Fácil fue comprobar en qué forma se verificó la evasión al ver desmontada la reja que cerraba la salida del sumidero. Pero luego, surgió inmediatamente la duda. ¿HabÃa intentado Hadjar salvarse a nado, y en este caso lo más probable era que hubiese sido arrastrado por las corrientes del golfo?… ¿Una embarcación dispuesta por sus cómplices habÃale recibido a bordo, conduciéndolo a un punto cualquiera del litoral?…
Esto era lo que no podÃa saberse.
Fueron inútiles todas las pesquisas que se practicaron en los alrededores del oasis. El fugitivo no habÃa dejado tras sà huella alguna, y ni las llanuras del Djerid, ni las aguas de la Pequeña Sirte le devolvieron vivo o muerto.