La invasion del mar
La invasion del mar »Al mismo tiempo, imponÃase todo un sistema de trabajos hidráulicos para la distribución de agua potable de los ued y de los rhiss. ¿No era necesario evitar herir a los indÃgenas en sus hábitos y en sus intereses? El triunfo era a este precio. ¿No era necesario también, sin excavar, instalar puertos en los que el cabotaje, rápidamente organizado, producirÃa inmediatamente provecho?
»Pero estos trabajos, emprendidos en cien lugares a la vez, exigÃan un número enorme de trabajadores, y poblados provisionales surgieron allà donde la vÃspera reinaba la más completa soledad. Los nómadas, aunque moralmente rebelados, estaban contenidos por aquella falange de obreros. Los ingenieros se prodigaban sin reserva, y su ciencia infatigable imponÃase a aquella masa de hombres que trabajaban bajo sus órdenes y que tenÃan en ellos una confianza ilimitada. Por aquel entonces el sur tunecino empezaba a convertirse en una verdadera colmena humana, donde los especuladores de toda laya, comerciantes, traficantes, etc., se dedicaban a explotar a los trabajadores, que, no pudiendo vivir del paÃs, no tenÃan más remedio que entregarse a los proveedores, procedentes de no se sabe dónde, pero que siempre se encuentran donde se producen estas afluencias.