La invasion del mar
La invasion del mar El caballo había recibido de su dueño el significativo nombre de Adelantado, y esta calificación la justificaba el animal por el incesante afán de avanzar más que los otros, siendo necesario ser tan buen jinete como Nicol para mantenerle en la fila. Por lo demás, sabido es que el hombre y la bestia se entendían a maravilla.
Pero, si es admisible que un caballo se llame Adelantado ¿cómo un perro ha podido jamás llamarse Valiente? ¿Es que este perro tenía los talentos de un Munito o de otras celebridades de la raza canina?… ¿Es que aparecía en los circos ambulantes?… ¿Es que jugaba a las cartas en público?…
No, el compañero de Nicol y de Adelantado no poseía ninguno de estos talentos de sociedad. No era más que un bravo y fiel animal que hacía honor al regimiento, donde todos le festejaban, lo mismo jefes que soldados. Pero su verdadero amo era el suboficial, como su más íntimo amigo era el caballo.
Nicol tenía una extraordinaria pasión por el juego de rams; a decir verdad, era su única pasión, la única en los ratos de ocio de la guarnición. Le parecía difícil que existiera alguna cosa más atrayente para el empleo de los simples mortales; él tenía entonces bastante fuerza, y sus numerosas victorias le habían hecho valer el sobrenombre de «Mariscal Rams», del que estaba muy orgulloso.