La invasion del mar
La invasion del mar El perro dejó escapar un largo ladrido de satisfacción.
—SÃ… Valiente —repetÃa Nicol—, y no será Misto como te llamarás ahora… ¡será Valiente! ¿Te gusta?…
Sin duda, este nuevo nombre le gustaba a este digno animal, pues, después de muchos brincos, saltó sobre las rodillas de su amo, que se encontró boca arriba de golpe.
No se dudará de que este proyecto de una nueva expedición no fue acogido con una extrema satisfacción por el suboficial Nicol y por el cabo Pistache. Pero seguro que no causarÃa una alegrÃa menor a Adelantado y a Valiente.
La vÃspera de la partida, el bueno de Nicol, en presencia del cabo, tuvo una conversación con sus dos inseparables.
—Sabes, mi viejo Adelantado? —dijo el suboficial, dando palmaditas en el cuello al caballo—, vamos a emprender otra campaña.
Es probable que el cuadrúpedo comprendiese lo que le decÃa su dueño, porque lanzo un relincho de alegrÃa.
A este relincho el perro correspondió con una serie de pequeños ladridos de placer.
