La invasion del mar
La invasion del mar —Si, to también seras de la partida —añadio su amo, en tanto que el can daba saltos como si se quisiera subir a lomos del caballo, lo que no hubiera sido la primera vez que se verificaba, sin que pudiera decirse, cuando tal cosa sucedÃa, cual de los dos estaba más satisfecho, si el perro por ir a caballo o el caballo por llevar al perro.
—Mariana dejaremos Gabes —continuo diciendo Nicol—, y espero que estareis despiertos y que no os quedareis detrás.
Nuevos relinchos y nuevos ladridos para responder a la recomendación.
—A propósito, sin duda no sabéis que ese demonio de Hadjar se ha largado a la chita callando…; ese maldito tuareg que habÃamos cazado juntas.
Si el perro y su compañero no estaban enterados, ya sabÃan por su amo que el bandido aquel andaba otra vez suelto.
—Pues bien, camaradas —declaro Nicol—, es bien posible que volvamos a encontrarlo, y no habrá más remedio que echarle de nuevo el guante… Vaya, hasta mañana.
Y seguramente, de haber estado en los famosos tiempos en que hablaban las bestias y decÃan, indudablemente, muchas menos majaderÃas que los hombres, el perro y el caballo hubiesen contestado:
¡Hasta mañana, amo nuestro, hasta mañana!