La invasion del mar
La invasion del mar —Lo sé, lo sé —repuso el ingeniero—; hasta se ha pretendido que el agua se evaporarÃa durante su paso a través del canal, hasta el punto que no llegarÃa ni una gota de agua al Rharsa. Yo opino que hubiese sido mejor mantener la anchura primitivamente fijada, dando también más profundidad al canal, al menos en su primera parte. Hubiera sido infinitamente más practico y menos dispendioso; pero ya sabe usted que no es este el Unico error de nuestros antecesores. Por otra parte, estudios fundados en cálculos más precisos permiten refutar esos asertos, y no son necesarios diez años para que queden llenas las depresiones argelinas. Antes de cinco, los barcos mercantes recorrerán el nuevo mar desde el golfo de Gabes hasta el puerto más alejado del Melrir.
Las dos etapas de esta primera jornada se hicieron en excelentes condiciones; la caravana detenÃase tantas veces coma el ingeniero necesitaba examinar trabajos o maquinas. A los 15 kilómetros de Gabes, hacia las cinco de la tarde, el capitán Hardigan dio la serial de alto para la noche.
Organizose enseguida el campamento en la orilla norte del canal, a la sombra de un bosquecillo de datileras. Los jinetes echaron pie a tierra y llevaron sus cabalgaduras a una pradera que les ofrecÃa fresca y abundante hierba. Un riachuelo de agua muy limpia serpenteaba por entre el verdor.