La invasion del mar
La invasion del mar Inmediatamente armáronse las tiendas de campaña para pasar en ellas la noche, y la tropa se puso luego a cenar bajo los arboles. El ingeniero y los dos oficiales, servidos por Francois, hicieron honor a las provisiones Llevadas de Gabes. Carrie y legumbres en conserva aseguraban la subsistencia de la caravana para unas cuantas semanas, y ademas, en los poblados de la baja Tunicia y de la baja Argelia siempre seria fácil renovar las provisiones.
El suboficial Nicol y sus hombres establecieron sus tiendas en un abrir y cerrar de ojos, después de haber puesto a la entrada del bosque los dos carromatos que completaban el convoy. Pero antes de pensar en él, Nicol hablase cuidado del cabila, que correspondió a la solicitud de su dueño con alegres relinchos coreados por los ladridos del perro.
No hay para qué decir que el capitán Hardigan había tomado todas las medidas necesarias para la vigilancia del campamento. El silencio de la noche no fue turbado más que por ciertos rugidos, cuya procedencia conocían sobradamente los nómadas de la región; pero las fieras se mantuvieron a distancia, y la caravana no recibió en toda la noche ninguna desagradable visita.